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Las montañas permanecen (cuento inacabado)

Una hoja se desprendió del silencio de la noche y cayó en la tranquila superficie de un estanque, que confiado dormía cerca de una montaña. En el lugar de su caída, formó ondas que en anillos sin fin, se apresuraron hacia el obscuro silencio de la orilla. De esta suerte un movimiento más, había ocurrido en el universo, y con él un cambio.
Nadie en la tierra supo de la hoja y pasó desapercibida. Su caída, no era sino una de las inumerables transformaciones que incesantemente tienen lugar en el universo, una siguiendo a otra, como la noche tras el día y el resplandor sobre la superficie del vasto océano al choque de un solo rayo de sol. Sin embargo la transformación era tan real como las más dramáticas sobre la tierra; como el reflujo de la marea o la erupción de un volcán. Así tenía que ser porque lo que fué antes, como lo que vendría después, forma parte de esta compleja armonía que conocemos como universo. En esta infinita sinfonía de movimiento y cambio, el hombre intenta vigorosamente dirigir su propio impulso y transición, pero la mayor parte de las veces, no obstante, él no es a su vez, sino parte de otra transformación mayor, tan ineludible como la hoja que cayó en la noche o las ondas que esta originó en el estanque.
Takeo, esperando a su hermana en el cuarto privado de un restaurant de moda del elegante distrito de Shinbashi en Tokio, tenía un conocimiento místico de este principio universal. Aún cuando lo desconocía como teoría, formaba parte vehementemente de él en su actual estado de ánimo.
En cuclillas sobre el abufón del tatami de paja, podía oír la límpida vibración de los samisens en la lejanía, pero donde se hallaba no existía sonido ni movimiento.
Hacía bastante frío en la habitación pues el calor que despedía el único vaso de hibachi
a su lado era insuficiente en una noche tan fría como aquella, pero Takeo no intentó calentar sus manos sobre el hibachi como solía hacer en su lugar en las noches de invierno.
Permanecía inmóvil, sentado, profundamente sumido en su ansiedad. Todo su ser conocía la importancia del próximo encuentro con su hermana y lo deseaba para ver el cambio que con él se iba a producir. Había venido desde lejos para verla y tardado más de dieciocho horas en tren desde su casa. Al mismo tiempo la curiosidad para ver el cambio que se había producido en su hermana, le impacientaba. Hacía más de cinco años que no la había visto. La última vez fué cuando había ido a despedirse en el destacamento, antes de partir para el frente sur del pacífico durante la guerra.
Por fin oyó los pasos que había estado esperando procedentes del pasillo del vestíbulo. Eran suaves y cortos, más cortos y rápidos de lo corriente; como si su dueño tuviese mucha prisa.. Los pasos cesaron delante de la habitación y una voz familiar dijo: "Se puede"; seguidamente la puerta se abrió y allí estaba su hermana, vestida con un kimono de colores y el cabello peinado con el clásico himada, arrodillada en peculiar manera y mirando hacia dentro.
"Iya-a!" fué todo lo que Takeo pudo decir como saludo, tan deslumbrado estaba por la gran belleza del cuadro que tenía ante sí.
La hermana, Sachiko, conocida con el nombre profesional de Ko-ume, permaneció sólo un instante fuera de la puerta, ya que antes de que Takio pudiera tener más que una confusa visión de brillantes colores y una sorprendente perfección del rostro, ella había girado graciosamente en su posición de rodillas y cerrando la puerta casi corrió medio agachada en rápidos pasitos y se arrojó de rodillas al lado de su hermano.
Cogiendo las manos de Takeo, que estaban sobre su regazo, exclamó: "¡ Bien venido! que dicha que estés a salvo". Un poco confuso por el ímpetu de su hermana, Takeo, sin embargo sonrió abiertamente y dijo: "has cambiado mucho".
"El hermano mayor también se le notan los años", dijo Ko-ume y las lágrimas de pronto asomaron a sus ojos, como si las palabras que ella susurraba, fuesen demasiado débiles para las emociones que acumulaba. Las lágrimas se asomaron también a los ojos de Takeo y lo único que pudo hacer por algún tiempo fué mover la cabeza y repetir "qué bien, qué bien"...

2004-07-09 01:00 | 2 Comentarios


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Comentarios

1
De: Crystal Fecha: 2004-07-10 01:08

Vaaaya, me ha encantado, ¿a qué esperas para terminarlo?



2
De: Sabbat Fecha: 2004-07-10 11:51


El otro día vi un reportaje sobre las gheisas en el actual Japón; me resultó fascinante.

Espero que tu cuento no tenga un final tan triste

Un saludo :)



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