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Comer conejo



El día 18 de diciembre, el columnista Fernando Ónega publicó en La Voz
de Galicia un artículo clarificador y premonitorio.
Dice así:

-------------------
La Navidad del conejo

¿Cuántos actos de promoción de productos hace cada año el Ministerio
de Agricultura? Muchos. Este cronista ha participado en alguno. Suelen
ser solicitados por el propio sector, y tienen como finalidad crear
imagen o echar una mano a los productores cuando el consumo de algún
artículo del campo tiene dificultades en el mercado. La cunicultura
padece tal crisis, que cerrará el año con unas pérdidas superiores a
los 70 millones de euros. O cambia el consumo, o cientos de granjas
tienen que echar el cierre. Es una situación tan incierta para miles
de familias que todo apoyo oficial parece obligado y urgente. Por eso
el ministerio va a gastar 700.000 euros en dos años para tratar de
superar esa crisis de consumo.

Y se empezó con ese acto de promoción. ¿Y qué hace en un acto de este
tipo? Ensalzar las cualidades del gracioso animal, como si fuera lo
mejor del mundo o el capón de Vilalba. Eso hizo el secretario general
de Agricultura, Josep Puxeu, que dijo esto de tanto sentido común en
tiempo de consumo desaforado: «Recomendamos buscar una cesta de la
compra equilibrada al deseo de tener los mejores productos de nuestra
mesa, pero compatibilizándolo con precios razonables». La frase es
fea, pero se entiende. Pero el pobre señor Puxeu se encontró al día
siguiente con esta versión periodística: «El Gobierno recomienda comer
conejo en Navidad».

Un día después, sábado, la situación informativa era que el Gobierno
tiene una mentalidad tan estrecha ante la dificultad económica de la
gente, que solo sabe aconsejar la comida del conejo, dicho sea con
perdón. El domingo, el conejo había pasado a ser sinónimo de falta de
recursos para combatir la inflación e índice de pobreza intelectual
del Gobierno. Ayer, lunes, el asunto ya estaba en las garras
electorales de todos los partidos. Para Mariano Rajoy, es una joya
para el sarcasmo, debidamente aliñada con las propinas del ministro
Solbes. Gaspar Llamazares también se sintió seducido por el suculento
plato electoral, y decidió entrar en la guerra del conejo. Ahora, la
lucha por el voto parece que se centra en la disyuntiva que se
desprende de las palabras de Rajoy: con los socialistas en el poder,
estamos condenados a comer conejo por Navidad. Con el Partido Popular
en el Gobierno, habrá pavo para todos.

Y a todo esto, el honrado funcionario Josep Puxeu debe estar a punto
de suicidio. Lo imagino llorando a la ministra Espinosa: «Pero si yo
solo quise defender la carne de conejo; solo quise ayudar a los
productores, que en estas fechas ven bajar los índices de venta». Sí,
señor; pero es peligrosísimo hablar; y en campaña electoral, suicida;
y cuando tantos le tienen tantas ganas al Gobierno, mortal de
necesidad.
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"Es peligrosísimo hablar; y en campaña electoral, suicida"

P.D: ;-)

2007-12-22 13:25 | 4 Comentarios


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Comentarios

1
De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2007-12-22 22:10

Pues bien rico que está, el conejo en salmorejo. Con sus papitas arrugás. Y su mojito.

(La Guarida del Dragón, promocionando productos de la Tierra. Abstenerse consumidores de productos de Saturno).



2
De: descalza Fecha: 2007-12-23 00:30

Pues sí, ya está bien de discriminar a los alimentos, coñe. ¡ARF! XD



3
De: Anónimo Fecha: 2007-12-23 01:38

Para Luis Capote:

¡Y buen bueno que estaba el que nos comimos con Armentia (¿era en salmorejo o algo así?) regado con un vinillo rojo de no recuerdo dónde!

Para Descalza, dos cosas:

1) ;-)
2) :-*



4
De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2007-12-23 01:52

Era en salmorejo :) y era en un local en la carretera de la Esperanza. A ver cuando vuelve su usted por sus fueros y me enseña más galego, que lo único que hago con sus docencias es escandalizar a las galego-parlantes con la historia del jamón y el bidé ;)



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